- DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS -
No esperes nada especial de mí, y no te decepcionaré. Ése parece ser el secreto de la felicidad: en general, no equivocarte al elevar tus propias expectativas.

Al adentrarte en este blog, tan sólo advertirte que (suelo, prefiero y) me gusta pensar y opinar por mi mismo; lo que a veces no recuerdo muy bien es en qué orden se debe realizar ese proceso. Y claro, ...así me va. Aunque últimamente y con los años, procuro "controlar" cierto orden en todo esto, la verdad es que no siempre lo consigo. Unas veces pienso lo que digo y otras, digo lo que pienso. Discúlpame en estos últimos casos; ten presente que yo procuraré hacer lo mismo contigo.

Una cosa más: como supongo que sabréis por vuestra propia experiencia, inexorablemente llega una hora de la madrugada en la que, como en esos antros habitados por gente "impresentable", hay que irse del "chinguirito" o del pub .... Eso, o quedarse, pero siempre teniendo en cuenta las especiales circunstancias que empiezan a concurrir. Es cuando ya no distingues un gintónic de un Dyc con cocacola ni por la luz ni por el sabor. Es cuando quienes parecían, en principio, poco agraciad@s físicamente empiezan a tener visibles virtudes. Algo así como si los dioses te soltaran una indirecta: "venga chaval, que ya está bien ...".

Bueno, pues algunas veces tengo la sensación de que la creación de este peculiar blog es fruto de esos momentos de "chinguirito". Quizás por eso, la mayor parte de lo que encuentres en este peculiar lugar para la reflexión introspectiva es absolutamente arbitrario y accidental, con ese sano espíritu que unicamente suele emanar de los lujos de la Realísima Gana. Por lo tanto, se evidencia que aquí no hallarás razones para la ecuanimidad, para el estricto rigor o para la exactitud ni, me temo que mucho menos, demasiados motivos para el provecho personal.

Si ya decidiste quedarte en este garito un instante más, (que sepas que te lo agradezco pero) ten en cuenta todo lo anterior para no llamarte a engaños. Recuerda que: para lo edificante, ya están las constructoras; para las doctrinas, los salvadores de patrias; para el pensamiento único, las dictaduras; y para las risas, los monólogos de comediantes. Aquí sólo encontrarás ideas, equivocadas o no, mostradas con seriedad o con la "guasa" que me proporcionó mi cigüeña, derivadas de un mayor o menor grado de desnudez implícita; pero eso sí, salidas casi siempre del corazón, con pretensiones honestas y, las veces que se pueda,
bienintencionadas, respetuosas y nada dadas al puro adoctrinamiento.


no obstante, publico alguna otra cosa ¡¡¡ aunque sólo sea por puro equilibrio emocional !!!

lunes, 20 de octubre de 2014

Decálogo a tener en cuenta a la hora de abordar un poema





Es claro que la poesía es uno de los géneros literarios mas difíciles que existen. Y, siendo así, la destinada a niños es, sin duda, la que mayor problemática conlleva; es fundamentalmente la magia verbal quintaesenciada. Las nanas, los villancicos, las adivinanzas, los aleluyas, las retahílas, las canciones de comba o de corro, los trabalenguas, los aguinaldos, etc..... fluyen de todo un manantial restañable en el que el niño con seguridad se sentirá representado.  Son graciosas, ágiles, fáciles de memorizar. Este lenguaje se halla salpicado de ecos populares y su belleza lírica estimula la transmisión oral. Lo mismo ocurre en los cuentos y adivinanzas, refrendadas también por su origen popular.

Un poema de Ángela Figuera Aymerich me servirá de ejemplo para explicar como se debe abordar un poema (en este caso para niños). En este poema, Ángela abandona la literatura fabulística y el mensaje formativo para dedicarse al mas puro juego poético. Una de sus composiciones, "Jugando", transmite sin tapujos la raíz lúdica de la poesía, que también la tiene: 


Publicacions del blog en Scribd
Un poema redondo y juguetón 
de  Ángela Figuera Aymerich

¿Redonda?
 
La luna.
 
¿Y redondo?
 
El sol.   
  
¿Redonda?
 
La bola. 
 
¿Redondo?
 
El balón
 
¿Redonda?
 
La fresa. 
 
¿Redondo?
 
El fresón.

¿Redonda?
 
La rosca 
 
¿Redondo?

El roscón. 
 
¿Redonda?
 
La lima.  
 
¿Redondo?
 
El limón.  
 
¿Redonda?
 
La plaza.  
 
¿Redondo?
 
El balcón. 

¿Redonda?
 
La torre.
 
¿Redondo?  

El reloj.   

¿Redonda?
 
Tu cara.
 
¿Redondo?
 
Mi corazón. 
 
Tu corazón no es redondo.
 
Tú ¿lo ves?
 
¡Claro que no!
 
Entonces, ¿cómo lo sabes? 
 
Porque sí.
 
¡Vaya razón!
 
Es mío y sé que es redondo.
 
Pues ya no juego.

Ni yo.



Decálogo a tener en cuenta a la hora de abordar un poema (como no leer un poema):

1. Al poema no le gusta que lo interroguemos antes de leerlo. ¡Es tan agradable dejarse llevar por él!. Es como todo en la vida, solo se puede opinar de algo con criterio después de haberlo probado (en este caso, leído). Un poema leído con prejuicios es un poema echado a perder.

2. Al poema no le gusta el “no lo entiendo”, ¿acaso intentamos entender la inmensidad del mar o los colores de un cielo encendido al atardecer?. Existen cosas en la vida que están ahí no para ser entendidas, sino para ser gozadas. Tal vez luego, desde el propio goce, pueda ser interpretado.

3. Al poema no le gusta que lo leamos como si fuera la lista de la compra: qué alegría le da que lo leamos acompañando por la voz; serios como sopranos o divertidos como si dijésemos un trabalenguas; cada uno tiene una forma de lectura que lo hará mejor poema.

4. Al poema no le gusta que lo lean en público sin prepararse antes para ello, sin vestirse adecuadamente. Es coqueto. Si practicamos un poco antes de leerlo delante de otros, nuestra voz, nuestros gestos, se convertirán en parte del poema y lo hará crecer.

5. Al poema no le gusta quedarse en el libro. Le gusta salir de él: que lo canten, que lo reciten, que lo recuerden. Cualquier momento es bueno y todos los momentos, desde los más tristes a los más juguetones, tienen un poema adecuado.

6. Al poema no le gusta que no lo llamen por su nombre, que no lo singularicen y no lo hagan especial. Si un poema nos ha entusiasmado seguramente habrá más, del mismo autor o estilo, que también nos apasione. Podemos buscar, y encontrar, otros tesoros para acompañarlo.

7. Al poema no le gusta el aburrimiento. Le gustan los disfraces, los juegos y el teatro. Se nos pueden ocurrir mil cosas para aliñar la lectura y hacerla más apetitosa.

8. Al poema no le gusta cualquier lector. Cada poema en concreto tiene su lector, y a él va dirigido. Porque cada poema tiene sus destinatarios, especiales y únicos. Será él, el poema, el que nos guiñe un ojo o se lance a nuestros brazos. Enseguida nos daremos cuenta porque nos hará vibrar.

9. Al poema no le gusta que no tengan en cuenta a quién va dirigido. Si vamos a compartir un poema con alguien especial (nuestros hijos, alumnos, parejas, amigos, compañeros, hermanos…), lo bonito es elegirlo con mimo, pensando en el receptor como si eligiésemos un regalo.

10. Al poema no le gusta estar lejos de los niños, le encanta que le lean muy cerca de ellos, que lo escuchen y se sorprendan, que lo reciten. Y a los niños les gusta la poesía y a la poesía le gusta hacer nuevos y buenos adeptos. Comprobadlo y veréis como no os miento.


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