- DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS -
No esperes nada especial de mí, y no te decepcionaré. Ése parece ser el secreto de la felicidad: en general, no equivocarte al elevar tus propias expectativas.

Al adentrarte en este blog, tan sólo advertirte que (suelo, prefiero y) me gusta pensar y opinar por mi mismo; lo que a veces no recuerdo muy bien es en qué orden se debe realizar ese proceso. Y claro, ...así me va. Aunque últimamente y con los años, procuro "controlar" cierto orden en todo esto, la verdad es que no siempre lo consigo. Unas veces pienso lo que digo y otras, digo lo que pienso. Discúlpame en estos últimos casos; ten presente que yo procuraré hacer lo mismo contigo.

Una cosa más: como supongo que sabréis por vuestra propia experiencia, inexorablemente llega una hora de la madrugada en la que, como en esos antros habitados por gente "impresentable", hay que irse del "chinguirito" o del pub .... Eso, o quedarse, pero siempre teniendo en cuenta las especiales circunstancias que empiezan a concurrir. Es cuando ya no distingues un gintónic de un Dyc con cocacola ni por la luz ni por el sabor. Es cuando quienes parecían, en principio, poco agraciad@s físicamente empiezan a tener visibles virtudes. Algo así como si los dioses te soltaran una indirecta: "venga chaval, que ya está bien ...".

Bueno, pues algunas veces tengo la sensación de que la creación de este peculiar blog es fruto de esos momentos de "chinguirito". Quizás por eso, la mayor parte de lo que encuentres en este peculiar lugar para la reflexión introspectiva es absolutamente arbitrario y accidental, con ese sano espíritu que unicamente suele emanar de los lujos de la Realísima Gana. Por lo tanto, se evidencia que aquí no hallarás razones para la ecuanimidad, para el estricto rigor o para la exactitud ni, me temo que mucho menos, demasiados motivos para el provecho personal.

Si ya decidiste quedarte en este garito un instante más, (que sepas que te lo agradezco pero) ten en cuenta todo lo anterior para no llamarte a engaños. Recuerda que: para lo edificante, ya están las constructoras; para las doctrinas, los salvadores de patrias; para el pensamiento único, las dictaduras; y para las risas, los monólogos de comediantes. Aquí sólo encontrarás ideas, equivocadas o no, mostradas con seriedad o con la "guasa" que me proporcionó mi cigüeña, derivadas de un mayor o menor grado de desnudez implícita; pero eso sí, salidas casi siempre del corazón, con pretensiones honestas y, las veces que se pueda,
bienintencionadas, respetuosas y nada dadas al puro adoctrinamiento.


no obstante, publico alguna otra cosa ¡¡¡ aunque sólo sea por puro equilibrio emocional !!!

miércoles, 8 de octubre de 2014

Elvira Lindo, mi alma gemela en femenino



Acabo de leer un articulo de Elvira Lindo, escritora y periodista gaditana, a la que vengo siguiendo por resultarme interesante, amen de otras cosas, todas buenas, y que vive en Nueva York de diciembre a junio y en Madrid el resto del año. Su primera novela de género infantil se construyó en torno a uno de sus personajes radiofónicos, que ella misma interpretaba en la radio, el niño madrileño "Manolito Gafotas" (1994), que se hizo muy popular y un clásico de la literatura infantil española, protagonizando una serie de novelas en primera persona escritas con sólido estilo literario, humor, ironía y aguda crítica social. Está casada con el escritor y académico Antonio Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias de las Letras y otro de "mis grandes". Hace tiempo que noto que esta chica (la denomino así porque tiene mi edad) tiene una visión del mundo y sus cosas similar a la mía (o viceversa). Y tal vez porque sus experiencias vitales puede que sean similares a las mías (o viceversa. Ya no pongo mas lo de viceversa, seria un no parar; supongo que se sobrentenderá a partir de ahora). Pues lo dicho, la acabo de leer y ha vuelto a ocurrir: coincido con ella en (casi) todo.


Aunque nació en Cadiz, a los doce años se trasladó a Madrid convirtiéndose en una urbanita cosmopolita. Sabe que, por el trabajo de su padre, pudo nacer en cualquier otro sitio pero se encuentra feliz y agradecida de haberlo hecho donde lo hizo. No entiende de patrias, fronteras ni banderas si sólo sirven para dividir o enfrentar. La patria es el sitio al que quieres volver si estás débil, si necesitas recargar pilas. A la patria quieres regresar si estás enfermo;  la patria es donde tienes más y mejores amigos a los que recurrir; la patria es el lugar que contiene recuerdos de tu infancia; la patria es donde estudiaste el bachillerato. Mi padre solía decir, y cuanto lo he recordado estos días con lo de Cataluña, que el patriotismo se demuestra en la Declaración de Renta. La patria es, pues, el sitio donde además de recibir, das. Pero claro, mi padre era tan honesto como honrado; inteligente y sensible, también. Elvira hubiera hecho buenas migas con él, dado que habla bien de su patria, la chica y la grande, pero admite que otros tengan esa misma propensión con las suyas respectivas e, incluso, mayor vehemencia. No se si le gusta el fútbol, pero creo que es de las mías en esto, que acude a los partidos con más animo de aplaudir a su equipo que de pitar al contrario. El arbitro es otra cosa.


Redes sociales

 
En mi caso como supongo que en el de ella, creo que fue la distancia de mis raíces y mi imperiosa necesidad intrínseca de sociabilizar lo que me aficionó hace bastantes años a las redes sociales. Aprendí mucho en aquellos primeros años, y fui prudente, cosa que ahora agradezco y valoro en su justa medida. Lo primero que se debe saber es que cualquier cosa que se cuelgue en la red es público, que todas esas supuestas condiciones de privacidad que se pactan acaban siendo como aquellas normas que los niños postulábamos y hacíamos ver a quienes quisieran formar parte de nuestro "club secreto". También supe entonces que conviene no compartir intimidades con personas que no hayas conocido en tres dimensiones, y que a partir de las doce de la noche todos los gatos son pardos. Porque la gente se calienta y afirma cosas terribles, soeces, insulta y escribe mamarrachadas manifestando su lado más ordinario, más mezquino, aquello que a la luz del sol y entre conocidos procura esconder.

Recuerdo que una vez, por aquello de los avatares informáticos, entré en la página de una tipa en Facebook. Era alguien que no conocía, pero me atreví a comentar una de sus publicaciones, mas por ingenuidad que por compromiso o porque me lo pidiera el cuerpo (otras veces, me pasa esto ultimo). El caso es que esta tipa había colgado una foto junto a un personaje muy conocido del que no diré el nombre. Se ve que habían coincidido en un bar y le había pedido una foto juntos. Los dos sonreían, ella como si hubiera logrado un triunfo y el famoso creyendo que posaba junto a una admiradora. De esta foto comenzaron a surgir comentarios burlescos y despreciativos. Y tal vez fuera el hecho de que conozco al personaje lo suficiente como para afirmar que se trata de una buena persona lo que me llevó a afear la conducta de la dueña de la página y de los que entraban a descalificarlo. Me llamaron aguafiestas, desabrido, y apelaron a su tan traída y llevada libertad de expresión. Me trataron de callar y, como ese día no tenia el moño para ruidos (no me suele pasar), me callé. Esto me lleva a otra regla: discutir con personas que no conoces es patético. También es cierto que me vi reflejado en la vulnerabilidad de la persona célebre, aunque no sea comparable la celebridad de un anónimo con la de un famoso. El caso es que ya no me pone tanto discutir con l@s idiotas; casi prefiero que continúen siendo idiotas y que se joroben. No tengo la mas mínima intención de funcionar como una ONG de los modales y del saber estar, cosa por otro lado que, de no haberla, bien debiera fundarse: haría una labor impresionante dada la cantidad de gilis que se encuentran difuminados estratégicamente por el mundo, de tal manera que raro es el día que no te encuentras alguno. 

Contaba una de las hijas de Miguel Delibes que su padre se negaba a firmar autógrafos en papelitos, que las firmas en un ejemplar de sus libros, que era donde debían estar. Opinaba don Miguel, con buen criterio creo yo, que él no era ese tipo de “famoso”. Las firmas, los autógrafos y las citas ocurrentes, como las palabras, se las lleva el viento. ¡¡Cuantos autógrafos y dedicatorias hubiera podido yo coleccionar de famosos (verdaderos Famosos, no Paquirrin y otras mamandurrias) en mis últimos años!!. Pero ..... y que hacer con ellos. ¿Meterlos en una caja de galletas y mostrarlos ufano a mis visitas cada cierto tiempo? Noooo, no me veo en ese plan. Siempre me pareció un tostón aquello de tener que soportar que te pasen, por ejemplo, acorralado en el sofa de alguien, el vídeo de su ultimo viaje de vacaciones. Lo mismo que no termino de entender esa afición por parte de algunos restaurante de postín de mostrar en una cartelera las sonrisas de su dueño o sus empleados junto a la forzada de Famosos y famosos muy variopintos. Supongo que va en su sueldo, el del famoso, pero me temo que yo, en su lugar, prescindiría de esos emolumentos aun a riesgo de resultar antipático; todo el mundo tiene unas horas para el trabajo y otras para todo lo demás.

Cosa distinta es la haberme podido fotografiar yo, particularmente, junto a personajes a los que admiro y a los que conocí mínimamente alguna vez en la vida (los Rollings, Saramago, el profesor Sampedro, .... Iniesta mismo). No lo hice, por no ser nada fetichista y por no molestar al personaje, básicamente. Pero eso si que me hubiera gustado, no tanto por dar el tostón o por fardar de "conocidos", como por disfrutar yo conmigo mismo de su visionado posterior.
Otra norma digna de señalar, al menos (supongo que) para Elvira y para mi: llamar “amigo” a alguien a quien no conoces es una bobada impuesta por el señor Zuckerberg a la que no estoy dispuesto. Llamadme raro, pero desconfió y no suelo aceptar la "amistad" que me brinda por la redes alguien que ya tenga, digamos, mil y pico de "amigos". ¡¡¡¿Cuanto cachito de su corazón me tocara a mi si lo hago?!!! ¿No será que el posible y presunto "amigo" futuro está mas preocupado en batir un récord de interrelaciones que en darme el sitio que (creo y supongo que) tengo en el mundo, por pequeño que sea?. Tengo los amigos que tengo, físicos y virtuales, y a mi me bastan. No suelo proponer amistad a nadie, casi prefiero que me lo propongan y, a menos que se dé la circunstancia anterior, casi siempre acepto. En otro orden de cosas, ¿cuántas veces una desconocida, y adivino que aburrida, me ha pedido que cuelgue una foto mía por internet? A mi, que no tengo el menor atisbo de protagonismo ni ganas de morritos ni posturitas. Tantas como curiosas con mucho tiempo libre haya en la red.

Gallardón se terminó yendo, pero nos dejó su enigma


Se abrieron los cielos, y se movió la tierra bajo nuestros pies. Había en el aire un olor a fin de los tiempos. Hubiera sido necesario, incluso, asomarse a la ventana para comprobar si Dios nos guiñaba su célebre ojo. Nadie (supongo que) podría decir que lo viera pero, cuando menos, se presintió. España tembló. Desde el periodista talludo a la atribulada becaria, no había quien no sintiera el corazón acelerado. Y era ésta una escena que se repetía, con igual intensidad, en cada uno de los estudios de cada una de las emisoras a todo lo largo y ancho del mapa autonómico.

¡¡¡Había dimitido un ministro!!!. Y lo había hecho en España, eh.

Había dimitido un ministro y se comprende que, ante la falta de costumbre, el pueblo se pueda alterar. Y más los periodistas, que resignados como están a roer interminablemente el hueso de asuntos que no alcanzan nunca un desenlace notorio, cuando se encuentran ante la evidencia de que verdaderamente ha pasado algo, un rey ha abdicado o un ministro ha dimitido, se ponen como el perro al que, por fin, se le da algo de chicha.

Se podría decir, no sin tristeza, que lo habitual viene siendo anunciar cada semana un nuevo caso de corrupción o un error político garrafal y lo excepcional que alguien pague o dimita por ello. Pero el caso es que ha habido un tipo que dimitió y hemos pasado toda la semana del "accidente" analizando tan singular suceso. Lo hemos exprimido ante el público, en debates y artículos, y también en esos sanedrines en los que cuchichea gente que sabe y no cuenta. 

¿Que cuál es mi (humilde y particular) conclusión considerando lo oído aquí y allá? Pues lamento deciros que para mí Gallardón es un enigma (repito una vez más, que le conozco en el tu a tu y a mi no me engaña), y quien diga que entiende a este hombre peculiar, miente. Miente con toda su boca, miente con todos sus dientes, como rezaban los versos. Existe la explicación ideológica de aquellos que afirman que el ministro actuó según sus convicciones ultraconservadoras. Desde luego, no seré yo quien diga que no posee el hombre esas convicciones, de hecho, las ha estado defendiendo con pasión desde que se hizo cargo de su cartera, pero hace ya tiempo que pienso que la ideología no es una explicación absoluta del comportamiento humano. Hay veces en que sólo es la consecuencia de pulsiones internas. No hay ideología que nos prive a los seres humanos de las pasiones shakesperianas. La ambición y el poder son motores más fuertes que el sesgo político. En mi opinión, este ministro que dimitió en el país en el que nadie dimite se ha venido caracterizando en su errática y pasional carrera por no saber manejar una ambición, sin duda sobresaliente, con inteligencia. Nunca dio la impresión de estar en el lugar que creía a su altura, ni siendo alcalde ni siendo presidente de una comunidad.




Cuando ostentaba esos cargos añoraba otros de mayor altura y desahogaba su insatisfacción con personas como yo, poco cercanas a él “ideológicamente”, las mismas que
durante unos años pensaron (ingenuamente ellas, no yo) que Gallardón sería quien encarnara una derecha a la europea, una derecha como Dios manda. Su vida política ha sido una queja continua, un amago de dimisión cansino, una aspiración frustrada. Cuando llegó al Gobierno quiso prosperar haciéndose querer por el sector más integrista, no ya del partido, sino de la sociedad. Y resultó que ese sector era menor de lo que Gallardón calculó. ¿Lo hizo por pura convicción o por hacer mal una cuenta? Hay cosas que nunca sabremos, pero la ambición desbocada es mala consejera y conduce a quien la padece a cometer tremendas torpezas. Tampoco podremos saber cuánto se le animó en los despachos a enfangarse en la reforma del aborto: es habitual que cuando en los partidos algo huele a fracaso se provoque una desbandada que busca aislar a quien debe asumirlo en su totalidad. Cuando el exministro hizo pública su pretensión de reforma de la ley del aborto, me preguntaba “¿Por qué, Gallardón?”. No entendía su empeño en ir contra la lógica de los tiempos. Hoy, podría hacerme la misma pregunta. Su proceder durante estos años se me escapa. Sólo un carácter empecinado, tan soberbio como para no olerse el error, pudo implicarle en semejante proceso. Esa ley del aborto no cuadraba con las españolas de hoy y mucho menos con las del futuro. Había que ser muy ciego o muy ignorante para no darse cuenta.






No sabremos quién lo apoyó, quién le jaleó en secreto, quién le prometió qué, quién negoció en la sombra con la libertad de las mujeres, a cambió de qué se le animó a esta reforma para cortarle luego la cabeza. Por mucho que escuchen teorías de insignes expertos, háganme caso, tanto el personaje como su entorno son un enigma. Y desde luego, si hay alguien de quien no se puede esperar una explicación racional de esta crisis es del presidente Rajoy, que como suele ocurrir cuando algo tiembla, se parapeta detrás de un plasma confiando en que el tiempo lo cure todo. 


La ansiedad


Para infancias traumáticas las de nuestros padres. Las de aquellos que
de niños y no tan niños que padecieron la guerra. A mi padre se le cayó el pelo. Literal. Con 25 años ya era calvo cubico. Y no me estraña si vivió lo que vivió y me contaba, cosa que no dudo en absoluto; en decenas de años de convivencia no le pille ni una mentira (no asi al contrario) ¿Sabia mentir? Noooo, mas difícil: no mentía. Fue el causante de que una de mis pasiones durante años fuera sentarme con cualquier persona mayor (de edad cercana a la de mi padre y mientras existieron) en cualquier parque de cualquier pueblo de España para que me contara sus propias experiencias de aquellos años. Y cuanto disfrutaba, yo y mi interlocutor. Porque no se si lo sabéis, pero lo mejor que se puede hacer con un anciano es escucharlo, nada mas y nada menos que eso, otorgarle el autentico valor que tienen. 

Bueno, el caso es que por las batallitas que nos contaba, a mi hermano y a mi, y por tantas otras cosas que fuimos sabiendo de un hombre que prefería mostrar la fortaleza a la vulnerabilidad, siempre pensé que sus manías estaban, en cierta medida, justificadas por las vivencias de una niñez y juventud brutales. Me refiero al nerviosismo permanente, la fobia a las tormentas, el miedo a que se terminara el pan, los vicios a los que se aferraba como el niño a la teta, las paranoias, el pavor a los aparatos eléctricos, el temor a los accidentes domésticos, a los imaginables y a los insospechados, la preocupación por tenerlo todo en orden, seguro. Mi padre, el hombre que padecía insomnio a la par que se quedaba dormido en cualquier sitio y que sólo se consolaba tomándose una copita de fino de Chiclana (una sola y de Chiclana), era sin duda un enfermo de ansiedad crónica. Y sin saberlo, ni él ni nadie a su alrededor. Lo que no podré saber nunca es cuánto de esa dolencia se debía a su genética y cuánto a la historia de este puñetero país. Yo no heredé sus miedos y (casi) ninguna de sus fobias, pero tampoco sabría calibrar si aun estoy a tiempo de aprenderlas de él a través de la admiración o simplemente aun no he vivido lo suficiente como para que la ruleta imprevisible del ADN haga su tarea. O las dos cosas. Yo no soy mucho de finos, bastante mas de tintos y con la comida, pero cada vez que los tomo (lo mismo me pasa con los toros, el telediario, las gomillas, el betún, las gafas en la punta de la nariz, los bigotes delgaditos, las corbatas negras, ...) me acuerdo de él. 

Ser ansioso no quiere decir tener cierta ansiedad cuando toca, porque eso es algo saludable; ser ansioso es tener un alien en el estómago y convivir con el monstruo de por vida. El ansioso no suele compartir sus crisis con nadie porque, por un lado, se siente algo avergonzado de generarse a sí mismo tal cantidad de síntomas y, por otro, ni él mismo entiende que sus diversos males sean provocados por la agitación mental. Del miedo a volar, que es uno de los más comunes, a la fobia al queso o a los botones; de los sudores repentinos a la tartamudez; del hormigueo a los mareos; del vómito al miedo a vomitar; de los dolores en las articulaciones a los de cabeza; del estreñimiento a la diarrea; del pavor a hablar en público a pensar que uno puede tirarse desde una ventana al vacío si de pronto siente el impulso. No hace falta seguir, el catálogo es interminable y el cerebro muy imaginativo: cada ser ansioso tiene su abanico de síntomas y neuras que son como una especie de derivación de los miedos existenciales. El ansioso rumia durante horas su malestar y se siente impotente porque piensa que nadie le va a entender; el ansioso teme ser un pesado y suele escuchar más de lo que es escuchado. Los males se le calman con medicación y a veces, si el ansioso tiene dinero, con la ayuda de un terapeuta.

Darwin, por ejemplo, es uno de esos atormentados cerebros que lograron concentrarse y trabajar, a pesar de que sus males eran tan incapacitantes como difíciles de diagnosticar y que le tuvieron parte de su vida postrado en la cama. Siempre se ha pensado que padecía del estómago. Y padecía del estómago. Su mal no era inventado, pero ahora se sabe que el 60% de los que soportan un estómago nervioso podrían encontrar ayuda en la consulta del psiquiatra.

La ansiedad excesiva no favorece la creatividad, al contrario, incapacita. Pero como me dijo una vez un amigo psiquiatra: debemos ayudar al ansioso a que se calme, pero no tanto como para borrarle todas sus preocupaciones existenciales. O sea, calmar al atormentado sin convertirlo en un idiota. No sé si me explico. 



¡¡ No aprenden !!





NO APRENDEN nada. No quieren aprender. Y lo que es peor, de ese su no aprender vamos a salir perdiendo todos. NO APRENDEN y son una bomba para el sistema que dicen defender. Más complejo aún: son una bomba para el sistema que a ellos mismos les debería convenir. Una bomba que lleva ya unos cuantos años a punto de estallar, tan a punto está de pegar el petardazo que hay mañanas en que uno se levanta y no se atreve a conectar la radio por si lo que siente de pronto es un tremendo silencio, el acabose. NO APRENDEN. Piden perdón, eso si, y pretenden con ello tocar alguna fibra sensible. Pero el corazón de quienes todavía les escuchan ya está completamente endurecido. Perdón y qué, ¡¡¡¿y tres padrenuestros?!!!. Esto no es una escuela, diantres, ni un confesionario; esto es un país de ciudadanos que pretenden ser decentes y que de la indignación pasaron ya al temor, al temor a un futuro que pinta negro y que al grito de !!basta ya!! puede que termine por liarse la manta a la cabeza.

¡¡¿Perdón?!!. ¿Peeeeerdón dicen?. ¿Es que no saben que llega un momento en que no hay perdón que valga?. Muchas de esas marrullerías, chorizadas, delitos fiscales, billetes a Suiza, concesiones irregulares de obras, comisiones bajo manga, negocietes a cuenta del dinero público, etc, etc .... hoy ya sabemos que tuvieron lugar cuando ellos ya sabían que éramos un país casi en quiebra, casi a punto del rescate oficial (el otro terminamos teniéndolo que asumir). Fue cuando ya no existía el respaldo de la bonanza (¡¡España va bien!!, ¿recordáis?) y habíamos perdido la fe en nosotros mismos. Unos robaron a un país asfixiado, vestidos de rojo, azul, o amarillo (que más me da, que me da lo mismo); los otros lo consintieron, ataviados con los mismos colores. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Y gran parte del pueblo, quiero entender que por ingenuos y no por idiotas, siguió votando a los asesinos. NO APRENDEN, insisto. O no quieren aprender. Les falta la empatía necesaria para saber que hace ya años que se les está exigiendo una catarsis que ponga freno a este desatino, para que no haya un “y tú más” que valga (porque no vale, ya no vale), y veamos de una vez por todas una depuración real, dimisiones, compromiso con la justicia, castigo a los culpables, devolución de lo usurpado..... NO APRENDEN, vale, ya lo sabemos. Pero ¿y nosotros?, ¿hemos aprendido?. ¿Hemos aprendido a no admitir conductas corruptas, a no votar como borregos a quien abusa del cargo, a quien ostenta el poder para ejercerlo ilegítimamente en todos los aspectos de la vida ciudadana?. ¿Hemos entendido ya que sólo una Administración de funcionarios decentes y profesionales podría contener las malas prácticas de quienes caen en la tentación de enriquecerse o de enriquecer a su familia?. No sé yo.

Vuelvo a insistir. ¿Y nosotros, hemos aprendido? ¿Terminamos de entender que esa entelequia, el Estado, somos todos y que cuando éste se vulnera, un poco de dolor sentimos aunque sea siempre desde el mismo callo?

Qué falta de sensibilidad contemplar cómo se mofaron en el debate de los Presupuestos cuando el líder socialista (populismo y demagogia mediante o no, que eso es lo de menos en este punto del comentario) trajo a cuento la pobreza infantil en España. No fue la única vez ni va a ser la ultima que alguien, interesadamente o no, se haga eco del estudio de Unicef, nada sospechosa de bolchevique ni de bolivariana, que ya cifra en 2.700.000 los niños españoles que están en riesgo de exclusión social. ¡¡Niños!!, que aun no tienen culpa de nada. Nosotros si, y mucha, por el país que les estamos dejando. ¡¡¿Pero ellos?!!. Ninguna.

En aquella ocasión en nuestro Parlamento (palabra que viene de parlamentar, que terrible ironía) hubo un rumorcillo burlesco y no llegó a decirse alto y claro que nuestra protección a la infancia en comparación con otros países realmente desarrollados es ridícula, que los porcentajes de abandono escolar son alarmantes, que la caída de la natalidad refleja una situación que se resume en lo siguiente: tener hijos hoy en España es un lastre, una aventura reservada con garantías a muy pocos. Dicho estudio ocupó un lugar en las primeras planas, pero al día siguiente desapareció; todo el espacio fue ocupado por las detenciones de unos cuantos colegas de los que, precisamente (mira que casualidad), se mofaron del asunto. Cincuenta y un individuos corruptos y desaprensivos para los que (ya adelanto) nunca se encontrará una relación clara entre su enriquecimiento ilícito y el número de criaturas que en nuestro país empieza a crecer desde el principio con un futuro lastrado. NO APRENDEN ni entienden que los ciudadanos, al enfrentarnos a este circo diario que a nadie hace gracia, sí que relacionamos la corrupción y el que haya un número creciente de jóvenes que no se atreven a tener hijos o que los tienen sin poder ofrecerles todo aquello que los niños precisan para ser iguales a los demás, que se suponía que era la base del sistema del que pretendíamos dotarnos, el del bienestar social.

Aiiiiins, el sistema. Tanto que han hablado los señores diputados del peligroso acecho de los antisistema, tanto que han querido blindar plazas y avenidas para disolverlos, tanto que han alertado en las tertulias contra el perroflautismo sus palmeros, y han resultado ser ellos los que cucamente, casi desafiantes porque lo hacen a cara descubierta y con el nudo de la corbata bien ajustado, socavaban el sistema desde dentro, vulnerando las instituciones que debían proteger al ciudadano del mangoneo y saltándose la legalidad que decían defender. Cómo imaginar que andaban dinamitando el sistema desde dentro. Aun hay quien no lo ve. Claro, como les piden perdón, creen que mandan algo en todo este tinglado.

Asistimos a la emotiva ceremonia de los perdones. "Lo siento, me he equivocado y no volverá a ocurrir". Cada uno lo dice a su manera, claro está, pretendiendo dar lastima a la par que confianza. El primer perdón, esta vez, vino de la mano de Esperanza Aguirre, Como no, fiel a su estilo, quiso una vez mas adelantarse al perdón de su jefe. Pero han llegado tarde los dos con las disculpas. Supongo que a estas alturas del campeonato el "y tu mas" ya no vale pero el "perdona" tampoco debería valer. Ya no. Porque lo que se percibe es que la realidad, tan distinta a "su realidad", no consigue cambiarles, pegarles un meneo. Son rocosos en su manera de hacer política y les cuesta moverse. Ya se sabe que quien se menea no sale en la foto y ellos quieren salir, en esta foto y en todas las posteriores. Por eso lo único que se les ocurre es pedir perdón, y en cuanto se calienta el debate exigir al del partido de enfrente que pida perdón también, para que nadie pueda creer que asumen en solitario todas las culpas. Hala, todos a pedir perdón en coro y con la misma partitura. Hablo en plural aun a sabiendas de que hay políticos honrados, aun reconociendo también que esto no surge espontáneamente en cualquier sitio y como las setas, sino que ha brotado sistemáticamente en nuestro país y no precisamente por casualidad, que seguro que será por algo. NO APRENDEN, aunque últimamente les hayamos notado un ligero temblor en sus discursos y un tono más pálido en la piel. Y NO APRENDEN porque no se lo terminan de creer. No saben o no quieren saber que hay algo que estamos esperando hace tiempo, algo que no sé nombrar porque no sé exactamente que es pero se parece mucho a la decencia y lo comparten muchos ciudadanos que, creyentes en el sistema democrático, han terminado ya de vislumbrar mínimamente que hay que jubilar a estos antisistema que han malbaratado la democracia, que quieren arrebatarnos lo público y meterlo en sus bolsillos; que nos roban, ante todo, la confianza en el futuro. Y eso señores, eso, insisto una y otra vez, NO TIENE PERDÓN.






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