- DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS -
No esperes nada especial de mí, y no te decepcionaré. Ése parece ser el secreto de la felicidad: en general, no equivocarte al elevar tus propias expectativas.

Al adentrarte en este blog, tan sólo advertirte que (suelo, prefiero y) me gusta pensar y opinar por mi mismo; lo que a veces no recuerdo muy bien es en qué orden se debe realizar ese proceso. Y claro, ...así me va. Aunque últimamente y con los años, procuro "controlar" cierto orden en todo esto, la verdad es que no siempre lo consigo. Unas veces pienso lo que digo y otras, digo lo que pienso. Discúlpame en estos últimos casos; ten presente que yo procuraré hacer lo mismo contigo.

Una cosa más: como supongo que sabréis por vuestra propia experiencia, inexorablemente llega una hora de la madrugada en la que, como en esos antros habitados por gente "impresentable", hay que irse del "chinguirito" o del pub .... Eso, o quedarse, pero siempre teniendo en cuenta las especiales circunstancias que empiezan a concurrir. Es cuando ya no distingues un gintónic de un Dyc con cocacola ni por la luz ni por el sabor. Es cuando quienes parecían, en principio, poco agraciad@s físicamente empiezan a tener visibles virtudes. Algo así como si los dioses te soltaran una indirecta: "venga chaval, que ya está bien ...".

Bueno, pues algunas veces tengo la sensación de que la creación de este peculiar blog es fruto de esos momentos de "chinguirito". Quizás por eso, la mayor parte de lo que encuentres en este peculiar lugar para la reflexión introspectiva es absolutamente arbitrario y accidental, con ese sano espíritu que unicamente suele emanar de los lujos de la Realísima Gana. Por lo tanto, se evidencia que aquí no hallarás razones para la ecuanimidad, para el estricto rigor o para la exactitud ni, me temo que mucho menos, demasiados motivos para el provecho personal.

Si ya decidiste quedarte en este garito un instante más, (que sepas que te lo agradezco pero) ten en cuenta todo lo anterior para no llamarte a engaños. Recuerda que: para lo edificante, ya están las constructoras; para las doctrinas, los salvadores de patrias; para el pensamiento único, las dictaduras; y para las risas, los monólogos de comediantes. Aquí sólo encontrarás ideas, equivocadas o no, mostradas con seriedad o con la "guasa" que me proporcionó mi cigüeña, derivadas de un mayor o menor grado de desnudez implícita; pero eso sí, salidas casi siempre del corazón, con pretensiones honestas y, las veces que se pueda,
bienintencionadas, respetuosas y nada dadas al puro adoctrinamiento.


no obstante, publico alguna otra cosa ¡¡¡ aunque sólo sea por puro equilibrio emocional !!!

martes, 2 de junio de 2015

Carta de una enfermera de la UCI (a los familiares de sus pacientes)





La leí hoy, en el muro del Face de mi prima (un besazo, Teresita). Es una carta, escrita por una enfermera americana de la Unidad de Cuidados Intensivos. Aunque, para mi gusto, se centra demasiado en lo más duro de su trabajo (que también, supongo, es enormemente gratificante), me pareció interesante como reflexión. Así que indagué
Brie Gowen
sobre su origen. Resulta que es una carta que escribió Brie Gowen, una enfermera que trabaja en un pequeño hospital rural del estado de Mississippi, y dirigida a nadie en concreto. A nadie y a todos los familiares de cualquiera de sus pacientes.

Sé que una enfermera española, Ana de Pablo (@anadeph), y de quien la ha copiado mi prima, le ha pedido permiso a Brie para publicarla en la web traduciéndola a su manera (según ella misma dice), pero siendo fiel al texto. Yo no le he pedido permiso a la autora estadounidense ni a la traductora española para publicarla, pero supongo que me lo darían. ¡¡¡¿Con lo majete que soy yo?!!! ¡¡¡¿Y con lo extraordinarias que deben ser ellas?!!! Vamos, seguro.

Si queréis leer el original en inglés, lo tenéis aquí.

CARTA

https://curaraveces.files.wordpress.com/2014/01/20140111-215353.jpg 
Querido (y desencantado) familiar de mi paciente de UCI:

Así que entraste y resulta que me encontraste cantando una canción mientras colgaba aquella medicación intravenosa, ¿eh? Te quedaste un poco desconcertado y pensaste: “¿Es aquella canción de Sonrisas y Lágrimas? ¡¡¿Cómo puede estar tan contenta viendo a mi padre con un tubo en la garganta?!!”

Pues sí, es Sonrisas y lágrimas. Después de todo, “these are a few of my favorite things”.

Pero ahora en serio, no estoy cantando por gusto. Lo que no sabes es que canto para controlar mis nervios, para mantener la calma. Tu madre estuvo a punto de morir antes de que entraras. Y estoy preocupada por ella, pero no quiero que me lo notes en la cara. No quiero que te preocupes. Es mi trabajo. Sólo quiero que le demuestres tu cariño.

Sé que nos escuchaste reír y contar un chiste. Y que no lo encuentras nada divertido mientras tu madre siga confinada en esa cama, atada a todos esos monitores.

Lo entiendo. De verdad. Espero que puedas comprender que mientras tú estabas ahí fuera sin saber lo que estaba pasando, hablando nerviosamente con otros familiares de pacientes, nosotros salvamos a la joven de la habitación de al lado. No podía respirar. Ahora ya puede. Pensamos que no conseguiríamos intubarla a tiempo, pero sí.
También reanimamos al hombre de la habitación de enfrente. Le desfibrilamos muchas veces, y yo incluso le rompí alguna costilla. Justo cuando nos temíamos que no lo recuperaríamos, lo hicimos.

El paciente de la habitación contigua no tuvo tanta suerte. Lo intentamos; recé por él, pero se fue de todos modos. Abracé a su hija y la dejé llorar en mi hombro durante 20 minutos.

Algunas veces necesitamos reír. Es lo único que sabemos hacer. Tememos que, si empezáramos a llorar, no fuésemos capaces de parar.

Lo siento de veras si te parecí cortante cuando entraste a la hora de la visita. Sé que pensaste que estaba siendo maleducada, y que al salir te quejaste de mí diciendo: “¡debía estar deseando irse a descansar un rato, en vez de tomarse el tiempo de hablar conmigo y explicarme cómo está mi madre!”

No. No me tomaré hoy ningún descanso. Y no pretendía ser maleducada. Estaba concentrada en los cambios que acababa de ver en el electrocardiograma de tu madre. Pensaba en qué más podría hacer cuando su tensión se hundiera de nuevo. Porque ya le estamos administrando la dosis máxima de esos fármacos que ves ahí colgados. Sé que aún no estás preparado para decir adiós. Y yo no estoy preparada para rendirme. Eso me distrae a veces y me hace ser menos comunicativa.
Quiero que sepas que cuando veo a tu madre en esa situación, comparto tu dolor. Pienso en mi propia madre, que ya murió. Cuando veo su enfermedad reflejada en la de tu madre, tan parecidas, es como volver a abrir mi herida. No dejo que lo notes, pero me trago mis propias lágrimas mientras tú lloras.

Y a ti, querida madre, decirte que, mientras tú tratas de mantener la serenidad ante tu hijo inconsciente, yo tengo que esforzarme para no llorar contigo. Tu dolor me pone delante la fragilidad de los niños. Y a mí, como madre, no me gusta. Sudaría sangre para luchar por la vida de tu pequeño, de la edad que sea. Sé que podría ser mi propio hijo.

Querido amigo, siento haber tenido que irme mientras llorabas ante tu esposa enferma. Siento no poder ser más fuerte para ayudarte. Por un momento me puse en tu lugar. Imaginé a mi esposo en esa situación, y me entristecí. Entonces regresé para seguir luchando por ella. Solo quería que lo supieras.

Mi canto, mis chistes, mi comportamiento alegre, podrían hacerte pensar que soy indiferente. Mi aire distraído o mi expresión firme, que no me preocupo.

Pero lo hago.

Lo que no ves es que, cuando vuelvo a casa después de terminar una larga jornada, en ocasiones aparco el coche y lloro. Todo el estrés de luchar por ellos, todas las penas acumuladas, todas las emociones finalmente me atrapan. Entonces no canto ni río ..... Lloro.

Luego me seco los ojos, respiro hondo y entro. Y abrazo a mis pequeños y a mi marido un poco más fuerte. Después me voy a la cama temprano para poder volver por la mañana, fresca para luchar por ellos de nuevo, un día más.

Solo quería que lo supieras.

Cordialmente,

Tu enfermera de la UCI


Aprovecho para decir (ésto ya es mio) ....
... que es una sensación muy rara cuando "vives" una vida de familiar de paciente en la UCI (o en Cuidados Paliativos). Parece que estás a su lado igual que si estuvieses esperando el autobús. Con alguien al que quieres profundamente, que no te dice nada, que ni siquiera respira por si mismo, pero que
quisieras que cogiera el mismo autobús que tú. Para seguir tu vida con el/ella. Todo lo que sucede a tu alrededor te cabrea, enfermeras riéndose, médicos comentando que van a hacer cuando acaba el turno. ¿No ves que mi familiar esta aquí? ¿Cómo puedes reírte?, ¿Cómo puedes decir que te vas a las rebajas?. Es frustrante, incluso estas cabreado con los familiares de otros pacientes por hacer ruido o simplemente por caminar hacia su ser querido.
En esta situación sólo quieres oír una cosa: “Su familiar está mejor y todo va bien”.

Quiero desde aquí agradecer a todos los servicios sanitarios que atendieron a mi padre (también a Fer, el marido de mi prima) en el Hospital de Pto. Real y en el Hospital de San Rafael, en Cádiz, las
muuuuakis
interminables horas y cuidados que le dedicaron para ese su camino sin retorno. Me he sentido identificado con esta carta y he visto, más o menos nítidamente, el sentir de estos profesionales desde otra óptica. MUCHAS GRACIAS.


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